El nuevo CX-3, mantiene el DNA de Mazda

Como un pescador con mala suerte que ve su presa escapar ya fuera del agua, me sentí las dos veces que el Mazda CX-3 fue cancelado de mi rotación. La primera dolió más, pues como nuevo modelo del 2016, hubiese tenido la oportunidad de reseñarlo aun estando “calentito”. Esta semana a tocado mi turno, como para reafirmar aquello de que; “a la tercera va la vencida”

El pequeño CX-3 contiene intacto el DNA Mazda; llamativo diseño, deportividad al manejar y eficiencia. A pesar de esto, el nuevo Mazda aunque lo aparenta, no es un SUV de nacimiento. Comparte plataforma con el Mazda 2 sedan y hatchback, solo se levanta del suelo 6.1 pulgadas, y su sistema de tracción en todas las ruedas trabaja de forma parcial, pues la mayoría del tiempo la parte delantera se encarga de la propulsión en aras del ahorro de combustible.

Este SUV de entrada es atractivo, con llantas de aleación de 18 pulgadas y acabado en rojo brillante, nuestro vehículo de prueba traía terminado de lujo Gran Touring, atrayente de miradas. No tengo grandes quejas de su interior, a no ser por la escasez de lugares donde colocar cosas fuera de la vista. El descanso de mano es solo para eso, y fuera de las aberturas pequeñas en las puertas no hay lugar para que una “rat-pak” pueda vivir. Por demás la cabina luce moderna con toques agradables como vestiduras de cuero y un soporte acolchonado para la rodilla derecha (gracias por el detalle). Los asientos delanteros son pequeños, pero no incomodos, y es de lamentar que no se ofrezcan opciones para ajustarlos eléctricamente.

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El CX-3 viene con una sola opción de motor y transmisión, un  2.0 de  4 cilindros y 146 caballos acoplado a una transmisión automática de 6 velocidades. La combinación es adecuada para el tamaño de este vehículo, pero solo eso, no sorpresas en este frente. Hay tres niveles de equipamiento para el CX-3, Sport, Touring y Grand Touring. El precio inicial está ligeramente por debajo de los $20,000, alcanzando $26, 240 para un equipado Grand Touring AWD.

Mazda cree que los vehículos deben ser divertidos de conducir, y el CX-3 refleja esa creencia, como antes mencioné, el DNA de la compañía. El pequeño SUV se conduce ágil y preciso en la dirección permitiéndole sacar el máximo provecho de las carreteras sinuosas. El CX-3 también tiene una conducción suave, independientemente de la condición del camino, aunque cuando la velocidad sobrepasa las 50 millas en la autopista, más ruido del viento que el deseado pasa a la cabina.

Este pequeño Mazda está bien equipado para la clase. Bluetooth, entrada auxiliar de audio y un puerto USB son estándares. El sistema de información y entretenimiento “Mazda Connect” -uno de los mejores de la industria en mi opinión-  también es estándar con una pantalla táctil de 7 pulgadas, de interfaz sencilla y fácil acceso desde el asiento del conductor, aunque la perilla de rotación y el control de volumen manuales son algo incomodos de manipular por la interferencia del descansabrazo. Cámara en reversa y radio digital también aparecen en el modelo de entrada.

En la gama alta el Gran Touring trae estándar casi todo lo que un conductor necesitaría en materia de conexión y prestaciones, incluyendo el sistema de audio Bose con Surround Sound y 7 altavoces, un detalle para contentar a los más exigentes del oído.

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La competencia para el CX-3 es fiera, no solo con modelos establecidos, pero con recién llegados como el Fiat 500X, Honda HR-V y el Chevy Trax. El propio Mazda tiene un hatchback, el Mazda 3, que mucho tiene en común con el CX-3. Veremos cómo el mercado recibe a la nueva criatura. Por ahora las ventas promedian unos 1,500 mensuales, en alguna parte responsable por la subida general de las ventas del fabricante, que, en abril de este año, reportaba más de un 27% de incremento con relación al año anterior.

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